Diseño Audiovisual I Cátedra Campos-Trilnick

Diseño de Imagen y Sonido. FADU

domingo, 4 de abril de 2010

Teorica I: The times they are a-changin'...

Come gather 'round people

Wherever you roam
And admit that the waters
Around you have grown
And accept it that soon
You'll be drenched to the bone.
If your time to you
Is worth savin'
Then you better start swimmin'
Or you'll sink like a stone
For the times they are a-changin'.


The times they are a-changin', Bob Dylan



La teórica, básicamente se centro en el cambio de paradigma (de analógico a digital) y las necesidades imperiosas de conocer el soporte en el que se trabaja.

La fotografía analógica da cuenta del objeto existente, no así en la fotografía digital, la cual habilita su manipulación al estar compuesta por datos, en este caso, pixeles.

Esta revolucionaria manipulación de la luz da cuenta de un vertiginoso y cada vez más exacerbado avance de la tecnología; porque “el tiempo pasa y nos vamos poniendo Tecnos”.

El alcance que hoy en día tiene una cámara fotográfica pareciera dejar de lado las barreras sociales, que quedan arrasadas por la química del proceso fotográfico, permitiendo atestiguar cada rincón de la cultura, la naturaleza, el planeta, desde un lente casi infinito.

Solemos estar tan encima de las cosas que pocas veces damos cuenta del lugar que ocupamos. Parados arriba de la manzana de Newton, en la tina de Arquímedes, en las fotografías que las hay por doquier.

Padecemos el desconcierto común de las generaciones de transición, entre el analógico y el digital, entre las dictaduras y la democracia, entre los Stones y operación triunfo.

Los intentos por lograr una cuota de clarividencia parecieran esfumarse en tiempos desesperantes por la fata de líderes, o lideres que estén a la altura de las circunstancias al menos.

Heredamos un mundo caótico, lleno de incertidumbres, pero cierto es que, son ahora más eficaces las herramientas con las que dar batalla al creciente monstruo de la ignorancia humana.

La presencia ausente, casi nostálgica de las grandes personalidades que supieron dar batalla el pasado siglo, desde la ciencia, el arte, la cultura, se escurren casi fantasmales en nuestros días para dar respuesta a las nuevas cuestiones.

Es preciso tomar conciencia de nuestra condición joven y aprendiz, para saber captar la esencia de nuestros días, comprometiéndonos con las generaciones venideras.

Es mucho el camino por recorrer, pero todo camino, extenso o no, comienza al menos con un paso; sabemos ya de grandes caminantes que han dejado como herencia grandes avances, importantísimos conocimientos.

Los periódicos escriben día a día el libro de la Historia. Al igual que hoy estudiamos aquellos acontecimientos que cambiaron o marcaron el curso de nuestras vidas.

Manteniendo atento los ojos en lo siempre vigente por mas antiguo que parezca. La humanidad nos ha regalado verdades que parecieran no perecer pese al paso de extensos siglos, renovándose en un aparente infinito cíclico, donde los clásicos inspiran las vanguardias, que luego devienen en nuevos clásicos dando lugar otra vez a las nuevas vanguardias.

Propongo entonces, antes que nada, quebrantar este vergonzoso absurdo de estar en la era de la comunicación cada vez mas incomunicados, sumidos en la hipnotizarte individualidad.

sábado, 27 de marzo de 2010

Lugar I: Bar



“Cuando era la mitad de viejo, me sentaba

en los bares, me hundía ahí

hasta las orejas

pensando que algo me iba a pasar..."


La suerte no era una dama, Charles Bukowski.



El lugar que elegí es un bar que hace esquina en las calles 50 y 3, en la ciudad de La Plata, ciudad donde vivo.

Es un cálido lugar, donde las lámparas amarillentas emanan una luz tenue que juega por las paredes y los rincones persiguiendo sombras. Las típicas mesas de bar se despliegan por doquier, como un ejército de tableros donde parejas y ex parejas discuten o se prometen vaya a saber qué cosas; algunas otras, contra los ventanales, surgen como trincheras donde refugiarse los días de lluvia, para ver correr a los transeúntes intentando esquivar empapados el chaparrón.

Algunas barras a las que no les faltan codos de anónimos bebedores, como si cada uno fuese todos y ninguno, como si fuese regla del propio bar que siempre haya al menos uno anclado en las butacas.

En un misterioso subsuelo se estiran un par de viejos sillones de cuero. Tentación de muchos en días de piernas cansadas. Sillones que incitan, después de los besos, a buscar colchones.
Además de la gustosa disposición de los muebles en el bar, lo que más destaco es el ambiente que se genera, la música, el bendito humo que se retuerce bajo las luces. Los diarios que se apilonan en el revistero parecieran hablar de otro mundo, crudezas imperceptibles en este lugar, empapado de un silencio de templo, donde al entrar, los oídos aturdidos descansan al fin. A veces acompañados de canciones que bien saben romper el silencio, otras tantas, una música imperceptible arremete tímida contra la mudez intentando no molestar en la lectura, el pensamiento, la mente en blanco.

Un lugar muy íntimo, donde la mejor compañía es uno mismo.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Imagen: Just like a woman...


She takes just like a woman, yes, she does
She makes love just like a woman,yes,she does
And she aches just like a woman
But she breaks just like a little girl.

Bob Dylan, Just like a woman.


Ella es una niña, lleva puesto su virginal vestido blanco y el pelo revuelto y amarillo. Aun tiene el cuerpo pequeño, y el rojo escalofrío todavía no ha manchado la sabana, pero conserva en su vientre un potencial de mujer adulta que se deja entrever por el cigarrillo en sus dedos, el reloj en la mano para no llegar tarde a lo que hoy es la risa, el juego.

El trabajo, la prostitución infantil, los coloridos juguetes que cada vez mas antes de tiempo se hunden en los cajones para ir a cumplir “obligaciones”, “responsabilidades”, dolores… En tiempos como hoy, de sonrisas apuradas que se convierten en arrugas precoces, mudando el cuerpo inquieto, sediento de juegos, a la pesada rutina y la alineación en la demencia social que mutilan aquellos fantasiosos personajes por la seriedad mediocre del traje y la corbata.

Es una niña de vestido blanco que juega con un cigarrillo. Para un pedófilo una prostituta, para una prostituta, nostalgia. Para los nostálgicos, el dolor de nuestra adultez, la pureza infantil desvaneciéndose año tras año.

La rigidez de la segunda niña se relaja al conectarse con el tercer personaje del fondo.“Esos locos bajitos” que aquí se ponen zancos queriendo tocar el cielo, lapidando la espontánea inocencia de la infancia con el paso de los años, surcando heridas en las manos que ayer se manchaban de coloridas temperas y crayones, y que ahora se tiñen monocromáticas, como la fotografía a la cual presta su dramatismo, con ardiente grasa de los engranajes de cada fabrica , con la sangre del hermano muerto en la guerra, con la suciedad del materialismo y la ambición que ostenta la sociedad contemporánea. Dejando atrás las rondas entre amigos tomados de la mano girando y girando, siendo intermitente ahora en la adultez, la mano de alguien que quiera ayudarte.

Es aun más impactante la dualidad de los personajes, la dicotomía infancia/adultez, aquella esquizofrenia anacrónica, generaciones en conflicto que enfrentan los brazos flaquitos con pesados vicios entre dedos, con las agujas del reloj marcando en las muñecas el pulso de la sangre. Las manos en la cintura muestran los caprichos y las frustraciones, la incredibilidad de todo un mundo por explorar, la experiencia que va tajando la piel que luego se cicatriza y endurece como un cayo, como la corteza del árbol.

Aquella raíz multicolor y sonriente que aun conserva este tronco todavía verde, esperando recubrirse de aprendizajes para dar extensas ramas al cielo, ofreciendo así, la madures del niño y no la infantilidad del adulto.

(Fotografia utilizada: Sally Mann - Candy Cigarette, 1989.)